Ya es tarde,
pero la idea de este post que me ha dado vueltas a la cabeza todo el día y no
me quiero dormir sin por lo menos escribir las pautas.
Nunca
me había preparado conscientemente tanto para algo...
Cuando
viajamos a Bolivia fui completamente ajena a lo que eso significaría... solo
cargue la guitarra y asi nos fuimos. Mamá nos habló que tomaríamos un avión y que
viajaríamos a otro país; mayor
preparación por mi lado no hubo.
Al
viajar a Rusia solo recuerdo en el baño previo a abordar el avión pensando... “wow,
en verdad nos iremos de viaje”... sabía que era un cambio, había leído sobre el
lugar, mamá nos compró ropa y nos dijo que empezaría una nueva etapa en
nuestras vidas... pero más que eso nada.
Viaje
a China, prácticamente de refugiada, escapándome de todo lo que me agobiaba y
buscando protección… Me preparé? Supongo
que comprando los insumos que me pidieron llevar.
El
viaje a Italia fue distinto, sabía que serían vacaciones, iba x q quería
reunirme y me preparé psicológicamente para lo que sentía debía afrontar y la responsabilidad
que sentía impuesta, viendo cómo podría ayudar en la relación de mis papas;
hablé con sacerdotes, con gente de la parroquia, leí salmos, oraba para obtener
la fortaleza y sabiduría que necesitaba y bueno temple.
Cada
uno de esos viajes inicio una etapa de vida, y dio termino a otra,... y
ahora que me encuentro a menos de 3 meses de la nueva aventura, me doy cuenta
que me preparo para algo distinto...
Me
preparo para lo que tanto recé a Dios, por el cambio, por irme de Lima, por alejarme.
Me
preparo porque quiero pensar que me iré y cuando regrese será ya solo de
vacaciones y ya no volveré a radicar en Lima.
Me preparo también porque siento que es el trampolín, el podio para mi despegue
Comentarios
Publicar un comentario