Ir al contenido principal

Twilight


El lunes volví a ver a Edward, no había sabido de él desde noviembre... y definitivamente había salido de mi radar.

Lo vi desde temprano, sin embargo me había hecho la loca para no saludarlo, quizá el hizo lo mismo porque no quería saludarme o porque le parecía NO.  Quien sabe, no se lo he preguntado ni se lo preguntaré.

El asunto es que en un punto nuestras miradas se cruzaron y era evidente que debíamos saludarnos y eso fue... cada uno recorrió la mitad del espacio que nos separaba y nos saludamos con un beso. Obviamente luego vino el esperado coqueteo por parte de él... eso que hace de él único. Su mirada, su voz, su forma de hablar, eso que distingue que efectivamente es un vampiro.

Sin mucho preámbulo me invito a cenar al día siguiente, y sin pensarlo tampoco le dije ACEPTO.  Así fue como al día siguiente reconfirmo nuestro “cita- encuentro” y fuimos a cenar…

No puedo negar que la pase exquisitamente, cenamos en un restaurante Thai, el ordeno el trago doble y luego compartimos un plato delicioso que de todo lo que conversamos apenas tocamos... al final me dijo… un postre? Y pensé… una razón más de porque este vampirito es encantador… quiere compartir un postre.

Luego fuimos a escuchar música con la ilusión de bailar, asunto que no se concretó pues no había orquesta… pero la amena conversación se prolongó.

Cómo es posible que uno encuentre en otra persona tanta química, tanta afinidad con respecto a tiempos, a conversación, a sentirse escuchado y al mismo tiempo escuchar maravillado de todo lo que la otra persona comparte contigo. No sé, definitivamente solo me ha pasado con él.

Comentarios